
Con más de un millón doscientos mil kilómetros cuadrados, Bamako está situado al extremo Sur del país, posición estratégica que el antiguo colono había puesto en ese sitio para exportar los recursos naturales. Como ejemplo, Senegal que formaba parte de Sudán francés se sitúa a menos de mil kilómetros
(Bamako- Tabacounda (Senegal) 796km) y Taoudeni, una de las ciudades de Mali al extremo norte está a casi al doble de kilómetros (Bamako- Taoudeni (Mali) 1400 km). Para que veamos que esta estructura colonizadora sigue existiendo. Y sabemos que, en cada país, los grandes trabajos de infraestructura, invención tecnológica, inversión financiera etc, todo se hace o se destina primero a la capital y su reflejo se expande hacia otras partes del país. En un país tan subdesarrollado como Mali, hace falta una fuerza tan gigantesca del gobierno central para que la proyección de los proyectos básicos llegue a ciudades como Tessalit o Kidal. Además de un enorme esfuerzo de los gobiernos pasados y actuales, desde la independencia hasta el día de hoy, vemos que esta luz todavía no ha llegado a la parte norte del país. Como prueba, el asfalto de la vía que une Bamako al norte del país, se limita a Gao. Esta situación, no pasa solo en Mali, sino en todos los países africanos.
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Así que los grupos terroristas con sus patrocinadores se dieron cuenta de esta realidad tangible, de este apoyo ya heredado e intentaron un embargo sobre Bamako, quemando todo camión que intentaba traer gasolina. La capital se vio seriamente asfixiada, la población desesperada, los precios se dispararon dando un salto más a la agonía instalada desde más de una decena de años.
Te resultaría muy difícil ver desde la perspectiva europea, cómo un grupúsculo armado puede hacer tanto daño a un país soberano. Por eso, creemos necesario bajar al origen de los acontecimientos, y para que nos demos cuenta de que la guerra en Mali, Burkina Fasso, Níger o la guerra en otra región africana está dibujada, alimentada y apoyada por fuerzas neocoloniales que intentan asfixiar a nuestros países con todos los medios.
El 22 de febrero de 2022, no fue solamente el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, sino el inicio de una guerra híbrida que ya ha ocupado al mundo entero. Los votos en la ONU de cada país para resolver los problemas mundiales nos ilustran esta evidencia. También las relaciones intergubernamentales nos dicen mucho del nuevo planteamiento del mundo. Se consolidaron las antiguas posiciones. Ya la guerra no solo se realiza en el territorio nacional sino como dice la antigua fórmula matemática, el amigo de mi enemigo es mi enemigo. Como prueba, en 2024, el embajador de Ucrania en Senegal, Yurii Pyvovarov, confesó la participación de su país en un ataque terrorista contra la fuerza armada maliense, que culminó con la muerte de varias personas. Su pretexto: la ayuda de Rusia a Malí.
La pregunta clave es: ¿De dónde procede el apoyo material que beneficia a estos terroristas para realizar estos hechos abominables?
En un video publicado por un miembro de JINIM, el grupo terrorista en Mali , afirmó que ellos están aliados con todos los movimientos terroristas del medio oriente, incluido Al Qaeda. Esta famosa y misteriosa organización que se hizo con las manos de los dioses de Washington. Hoy, el gobierno del Sr Trump, con una maleabilidad sin precedentes, está metiendo y sacando de la famosa lista terrorista de los EEUU cómo y cuándo quieran. Lo hemos visto recientemente con la llegada del nuevo presidente sirio. Lo harán así cuando vean que estos grupos pueden servirles de un modo otro. En estos últimos días, hemos asistido a una desinformación por parte de los medios de comunicación, principalmente franceses, profesando una próxima caída de Bamako en manos de estos grupos terroristas.
Además de estas ayudas, vemos como la diplomacia francesa está activamente movilizada a través de sus embajadas o a través de toda aquella persona que puede realizar este trabajo. Veamos unas palabras de uno de sus generales:
«Nuestro destino común, franceses y europeos, reside en el Mediterráneo y África. Los franceses hemos intentado constantemente concienciar a los europeos sobre la necesidad de una acción colectiva en África. No podemos imaginar que, justo a nuestras puertas, haya un continente hundiéndose en la destrucción de sus estructuras gubernamentales y estados, sumido en el caos y la guerra civil. Un continente que experimentará una explosión demográfica. Imaginar que esto ocurrirá en los próximos 10 a 20 años sin consecuencias para Europa es simplemente imprudente».
François Lecointre. Ex jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas francesas.
Se le olvidó al general todos los problemas que hoy mueven su país, una crisis económica con un déficit récord, una inestabilidad social añadida a un problema de liderazgo. Pero primero quiere salvar a África.
Pronunció este discurso en un momento en que el gobierno actual de Malí le había pedido a Francia que sus soldados volvieran a casa, argumentando que «los niños que nacieron cuando iniciaron esta expedición ya no reconocerían sus rostros». Impotente ante la situación, Lecointre no tuvo otra opción que hacer esta llamada a sus aliados europeos.
Pero, lo que es peor, hoy en día los terroristas en el Sahel están utilizando muchos sistemas sofisticados, hasta la maniobras de drones contra las fuerzas armadas. Esto requiere unas herramientas y una preparación que sabemos que no se encuentran en Malí, ni en ninguna otra parte de la región.
Lo más curioso es que, dejando a un lado el discurso colonizador del General Lecointre (que siempre intenta mostrar a los africanos como súbditos a quienes hay que enseñar a vivir), debemos centrarnos en la cadena de implicación: la participación de Ucrania, la ayuda ucraniana a los terroristas, la ayuda occidental a Ucrania, que una vez obtenida, se convierte en aliada de los terroristas. Además, la pasividad de los gobiernos africanos (en este caso, el senegalés, dónde el embajador ucraniano mencionó la implicación de su país, contra la cual el gobierno senegalés se satisfacía con una sola advertencia verbal) frente a esta situación abismal. Así como el silencio culpable de la mayoría de los países africanos respecto a la guerra en Congo o en Sudán, puntos que hablaremos en las próximas publicaciones.
El primer ministro de Mali, en su intervención en la ONU en 2022, había mencionado la tenencia de las pruebas irrefutables de que Francia está detrás de terrorismo en Sahel. Como consecuencia, solicitó al clan de los cinco amigos, el Consejo de Seguridad, abrir un caso especial sobre este acontecimiento. A día de hoy no hay ninguna respuesta.
Francia, por ahora, se ha ido de Malí y del Sahel. O, al menos, se ha ido de los países de la «Alianza de los Estados de Sahel«, pero intenta volver a través de Ucrania o toda otra oportunidad que se le presenta. No sabemos si los aliados europeos han escuchado el llamado del general francés. Lo que es evidente, es que hoy quiere transformar al Sahel en un campo de batalla entre potencias. También se hace evidencia de las tres formas del terrorismos en Sahel: la guerra armada, diplomática y mediática.
Además de exponer los hechos, eso es un grito a la consciencia humana, porque como dice un refrán africano: “Si un toro rojo mata a tu padre, hay que tener miedo cuando veas a una persona con ropa del mismo color.”
La Revista Inmigrante
Diciembre 2025






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